El crimen fue en Granada: a Federico García Lorca, Antonio Machado



Análisis

Antonio Machado, en el poema que se nos presenta, describe en tres partes, El crimen, el poeta y la muerte y la tercera parte sin título, las últimas horas de la muerte de Federico García Lorca.

En la primera parte, El crimen, se nos describe los momentos previos y el momento exacto de la muerte del poeta por parte hombres armados. Se lo llevaron a las afueras del pueblo, que es donde no hay luz y, la única que puede haber, es el de las estrellas que brillan con más fuerza. Se nos incide, al hablar del campo frío, no sólo la temperatura, sino también la sensación del momento por parte de los hombres que van a matar a Federico. Lo hacen de una manera fría, calculadora, a escondidas para que nadie pueda verlos y a alguien que, la única culpa que tenía, era la de ser escritor. Su muerte fue poco antes del amanecer, al alba.

Esperaron a este momento, según el poeta, para que Federico García Lorca pudiera ver los primeros rayos del sol, del alba, y, a la vez, matarlo por la espalda para no tener que verlo a los ojos y saber que se estaban equivocando. Se nos acentúa esta idea, cuando se habla de que “todos cerraron los ojos”, una de las razones por las que no quería mirar los ojos era por qué, realmente, nadie quería asesinarlo y esperaban a que en el último momento alguien lo evitara.

La muerte de Federico fue un tiro en la cabeza y la consecuencia de este crimen es un recuerdo negro para Granada.

En la segunda parte del poema, El poeta y la muerte, se nos describe de una manera irreal como la muerte acompaña a Federico. El poeta es consciente de que podría suceder lo que pasó. Sólo se escuchan el sonido de las herrerías y el martillo de los yunques, que nos sitúa en una obra muy temprana, la primera de la mañana, como si las campanas tocaron a muerto, pero con los sonidos de las herrerías. Y se nos vuelve incidir en la hora de la muerte, que es cuando el sol asomaba y marcaba la hora en el reloj de sol de la torre del reloj. Federico, como un torero, se enfrenta a la muerte con sus poemas, consciente de que ésta ganará y, como es obvio, morirá sólo acompañado de la muerte misma.

En la tercera parte, la que no tiene título, todos sabían lo que iba a suceder y nadie dice nada. Federico no pidió nada. El poeta pide que su recuerdo no muera y que quede plasmado en algo tangible, como una fuente, cuya agua sea metáfora de las lágrimas por su muerte y por la de todos los que fueron asesinados. Desea que se recuerde su crimen y el lugar donde se llevó a cabo.


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Analizado por Susana Marín, en Poemario, publicado en enero de 2014, visto en https://poemario.org/crimen-granada-lorca/ .Gracias por leernos y citarnos :)