Y cuánto vive?, Pablo Neruda



Análisis

Estamos a finales de los años 50. Pablo Neruda ha vuelto a Chile, después de su destierro. Pero muchas cosas han cambiado para el poeta. Para empezar, logra divorciarse de Delia del Carril y se casa con Matilde Urrutia, su amante desde principios de la década y que inspiró Los versos del capitán. En Chile es toda una institución cultural. En 1957 es nombrado presidente de la Sociedad de Escritores. Por esas fechas, sin embargo, tiene lugar un importante desengaño político. Durante el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, y de la mano de Kruschev, se denunciaron las purgas y los asesinatos indiscriminados del camarada Stalin. Neruda, comunista recalcitrante, se siente decepcionado.

Este es el panorama vital que envuelve el nacimiento de Estravagario (1958), poemario que incluye “¿Y cuánto vive?”, pieza que nos ocupa. No es el libro más célebre del autor chileno. Y es que se trata de una combinación de ideas, temas y tonos bastante curiosa. Sin duda influye en todo ello su ambigua situación vital, líder cultural en Chile, pero también discutido por su vida privada y desencantado políticamente, tras años de esperanza puesta en el viento comunista que soplaba desde la URSS.

Por eso, cuando leemos “¿Y cuánto vive?”, nos puede extrañar la ausencia del lirismo nerudiano y de la pasión exacerbada. En esta pieza late el escepticismo, la derrota, el final del camino o, más bien, la encrucijada. “He conseguido lo que me había propuesto”, parece recitar Neruda, “pero no me ha servido de nada”. “¿Y cuánto vive?”, está plagado de preguntas sin respuesta, de ansiedad por el paso del tiempo, por la enfermedad, por el destino del ser. Y todo ello cerrado con dos versos terriblemente duros.

La pieza se inicia con una pregunta sobre el paso del tiempo. Fue una de las obsesiones del autor chileno, siempre entregado al presente, hedonista y vital. Pero Neruda se hace mayor, y el carpe diem no es válido eternamente. El poeta se pregunta por qué esto tiene que acabar, qué es el tiempo, cuánto dura un día. ¿Y para siempre? Esas dos palabras tan nerudianas… El poeta duda de sí mismo. La duda, molesta, pero necesaria, se apodera del poema.

Y así, busca respuestas, primero entre expertos en la fe. No pierde la oportunidad de ironizar sobre la religión y sus líderes. Neruda no encontrará lo que busca en la puerta de un templo. La ciencia tampoco tiene la respuesta. La ciencia sabe mucho, pero no sabe sobre lo que no se puede demostrar en un laboratorio. La ciencia no se ocupa de los microbios del alma…

Neruda eleva el tono cuando se refiere a los enterradores, sus versos se tornan agresivos, áridos. La violencia de la muerte repele al poeta que hace referencia también a su destierro. De vuelta en casa, decepcionado, más viejo, ya no busca respuestas, empieza a sospechar que solo él puede contestarse. Y ya en presente, Neruda cierra el poema con una declaración desencantada. Dice que “cada día sabe menos”, que podría traducirse por, “me equivoqué, no sé en qué, pero me equivoqué”.

“¿Y cuánto vive?”, es una incisivo poema, antirretórico, pero con una gran carga significativa, una muestra de que Neruda podía ser duro, incluso consigo mismo. Por eso, Estravagario siempre fue una de sus obras preferidas, aunque el gran público no opinó lo mismo.


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Analizado por David Rubio, en Poemario, publicado en octubre de 2014, visto en https://poemario.org/cuanto-vive/ .Gracias por leernos y citarnos :)