El futuro, Julio Cortázar



Análisis

Julio Cortázar fue un escritor y traductor argentino, aunque nació en Bruselas en el año 1914 y murió en París en 1984. Fue uno de los escritores más célebres de su tiempo y destacó internacionalmente por la originalidad de sus obras. Introdujo novedosos subgéneros como son el relato corto, la prosa poética y la narración breve; y paradójicamente siempre tuvo un gran interés por los autores clásicos.
Cortázar estudió magisterio y Letras y trabajó durante años como profesor de escuela en Argentina, posteriormente se dedicó por completo a la literatura y a la traducción en París, donde trabajó como traductor para la UNESCO.

La literatura de Cortázar resulta muy característica en cuanto a la manera de abordar los temas. En sus poesías trata de entrelazar las cosas cotidianas con las ideas creadas o imaginarias, dando como resultado una poesía abstracta cuyos principios fundamentales no quedan siempre explícitos.

En este poema que nos ocupa, cuyo título es El futuro, Cortázar trata dos temas universales: la pérdida de un amor, o de una persona querida, y el tiempo como remedio natural y misericordioso contra las heridas del ser humano. El poema consta de treinta y cinco versos irregulares. En cuanto a la estructura interna del poema, podríamos dividirlo en tres partes. La primera de estas partes ocuparía desde el verso número uno al verso número quince. La segunda parte desde el verso dieciséis al verso veintinueve, y la tercera y última desde éste hasta el final.

Comienza el poema dirigiéndose en segunda persona del singular a alguien que no permanecerá junto a él eternamente. Así son todas las relaciones humanas, sea cual sea el vínculo existente: si bien por un desamor o por la muerte… nadie permanece. El autor toma conciencia de este hecho y reflexiona acerca de las actividades propias de la vida cotidiana tras la despedida de este alguien. Alterna ideas físicas, como puede ser la calle, los postes de alumbrado, los libros, guantes, etc., con ideas abstractas que, aunque de otro modo, también nos acompañan a diario: murmullos, gestos, el hasta mañana, sueños.

Cabe destacar en esta primera parte la magia de los versos diez, once y doce: “No estarás en mis sueños, / en el destino original / de mis palabras”. Con estos versos el poeta realiza un ejercicio espiritual camuflado entre cosas sin importancias. Le está diciendo a su interlocutor o interlocutora que habla por y para ella. En la segunda parte del poema reflexiona sobre cómo será su comportamiento sin esta persona. Reconoce al principio que no estará contento (verso 16); pero que la vida, aunque algo diferente, seguirá marchando y él seguirá actuando como de costumbre. En la tercera parte avisa a ese alguien que con el paso del tiempo terminará, no sólo por acostumbrarse a la vida sin él o ella, sino que lo olvidará. Con el paso del tiempo todo se olvida, todas las heridas se cierran y todo corazón se cura.

Emplea recursos literarios como por ejemplo la metáfora en el verso 26, es para él su interior una cárcel; o en los versos 28 y 29, en los que expresa que lo que hay afuera hay un río de calles y puentes. Recurre al polisíndeton al principio de los versos 22, 23, 24 y 25. Y encontramos paralelismos en los versos 5, 6 8 y 9, y en los versos 26 y 28, entre otros.

Inspirándose en uno de los temas favoritos de la filosofía clásica, nos muestra que “el tiempo lo devora todo”. Y nos lleva a recordar unos famosos versos que Goethe escribió en su Fausto: “-¡Acabó! ¡Estúpida palabra! (…) ¿no equivale esto a decir que quedó reducido a la nada?”. La filosofía de Julio Cortázar, claro está, es aquella que se encuentra entre la cotidianeidad de nuestros días, y no por ello menos profunda.


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Analizado por Victoria Jorrat, en Poemario, publicado en marzo de 2014, visto en https://poemario.org/el-futuro/ .Gracias por leernos y citarnos :)