El tigre, William Blake



Análisis

Si Canciones de Inocencia fue compuesto en 1789 al albur de la Revolución Francesa y el impacto que ésta supuso para Occidente, Canciones de Experiencia (1794) representa el cauto contrapunto de dicho fenómeno.

Este poemario cierra el ciclo discursivo de Blake y, precisamente desde entonces, los editores lo presentan de manera conjunta, pues de otro modo se perdería el sentido que el autor quiso darles, siempre en las lindes de la antinomia y la lucha entre contrarios. El tigre (en el original, The Tyger) es tal vez la respuesta a la violencia nacida de aquella revolución, pero es una respuesta estética y filosófica, metafísica si quieren, que cuestiona la legitimidad del radicalismo político.

Pero para acercarnos al significado concreto de este poema, deberemos regresar a otro, El cordero, extraído de Canciones de Inocencia. Si allí se manifiesta la materia blanquecina de la pureza, en suma, la cordura –nunca mejor dicho–, aquí encontramos la garra, el fuego, el estrépito desencadenado sin orden, rudo y descontrolado: “¿En qué fragua cayó tu cerebro?”, se pregunta intencionadamente.

Para comprender mejor qué representa la figura del tigre podemos esbozar tres consideraciones: la ira de Dios, la figura del predador por excelencia, o la pasión humana encerrada en su cuerpo mortal. Bajo nuestro criterio, tanto la primera como la última adquieren mayor relevancia, dado que se trata de la cara oculta de la divinidad, el principio destructor y negativo del mundo, y más si lo sometemos a análisis con el cordero, que es el amor de Dios. En cuanto a la pasión humana encerrada agónicamente en un cuerpo natural, puede estar vinculado a los famosos esclavos de Miguel Ángel, lo que por otra parte tendría mucho sentido.

Mucho se ha dicho acerca de este poema, ya que desde el inicio supuso un quebradero de cabeza para los traductores. Dicho esto, nos encontraremos con todo tipo de variantes, y cada una de ellas nos aportará algo nuevo. He aquí la gran riqueza idiomática de William Blake.

Borges fue uno de los primeros en percatarse de la magia hipnótica de estos versos; Chesterton por su parte escribió una especie de ensayo biográfico memorable; también Luis Cernuda, el introductor en lengua castellana del poeta inglés, y un largo etcétera. Todos aportaron su opinión (en el caso de Borges, él se atrevió a realizar, como era de esperar, su propia versión), pero el universo mitológico de Blake los superó a todos. Nos supera a todos. Y tanto es así que, finalmente, acaso queda la idea de Nicolás de Cusa: nada existe sin su contrario. No tenemos certeza alguna de que Blake tuviera en mente la obra de Nicolás, pero, con independencia de ello, el poeta va un poco más allá: “…quien creó el Cordero te creó a ti?”.

Blake no se detiene en la certeza de los contrarios, sino que interroga al Mal para preguntar si fue el Bien su creador. Por no faltar, no faltan las alusiones a la simetría, que en este sentido cobran un significado perfectamente nítido: “qué inmortal mano o qué ojo / pudo enmarcar tu temida simetría?”. Un enigma irresoluble.


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Analizado por Mario Sánchez, en Poemario, publicado en octubre de 2013, visto en https://poemario.org/el-tigre/ .Gracias por leernos y citarnos :)