La luna y la rosa, Miguel de Unamuno



Análisis

La luna y la rosa es uno de los más elegantes poemas escritos por el gran filósofo español Miguel de Unamuno, nacido en Bilbao en el año 1864 y fallecido en Salamanca en 1936. Mayor exponente de la Generación del 98.

Tuvo una vida intelectual muy activa y su producción literaria fue realmente asombrosa y extensa. Fue sin duda uno de los más destacados escritores y filósofos de la España del siglo XIX. Escribió novelas, ensayos, obras teatrales y poesía.

Cursó sus estudios de Filosofía y Letras hacia 1880 en la Universidad de Madrid; después se doctoró en Lengua Vasca. En el año 1900 fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca, aunque sería destituido por motivos políticos catorce años después. Fue desterrado, indultado y después exiliado voluntario. Fue a Francia, donde permaneció hasta la caída de Primo de Rivera, momento en el que volvió a Salamanca y a su anterior puesto en la Universidad.

Los temas más destacados en su obra están todos relacionados con la existencia del ser humano. Trató temas universales como son la fe y la razón, Dios y la religión, la muerte y el tiempo, entre otros.
El poema de La luna y la rosa es un romance; consta de veintiocho versos octosílabos y rima asonante, y con rima en los versos pares, quedando los impares libres.

Con este poema Unamuno está poniendo en relación el cielo y la tierra, atribuyéndole a cada uno elementos que en ellos encontramos: en el cielo está la Luna y en la Tierra la rosa. Consiste en ofrecer una visión global y en conjunto de los diferentes elementos del mundo y de la existencia. El ser humano no es sino el mundo en esta metáfora, y el cielo (tranquilidad y calma) y la tierra (sed y congoja) perfectamente encajan con el binomio de fe y razón. Unamuno analiza con este poema el mundo de un modo muy similar al mundo de Platón, aunque claro está, mucho menos elaborado. No obstante, el poeta sitúa los más loables atributos a lo celestial, a la Luna, y deja ver la necesidad y dependencia de lo terrenal, representado por la rosa. ¿Será la Luna la fe y la rosa la razón sedienta?

En el verso número ocho hace evidente cuál es su religión, pues no sólo nombra a Dios sino que le atribuye una madre, dogma propio del cristianismo. Hemos de destacar los últimos versos (25 – 28). En ellos, logra conciliar fe y razón, mundo celestial con mundo terrenal, al convertir la relación de la Luna y la rosa en algo esencial, unido y complementario.

La importancia de este poema radica en el alto nivel de abstracción que muestra el poeta y en el gran dominio de las metáforas y las imágenes.


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Analizado por Victoria Jorrat, en Poemario, publicado en febrero de 2014, visto en https://poemario.org/la-luna-y-la-rosa/ .Gracias por leernos y citarnos :)