Los Zapaticos de Rosa, José Martí



Análisis

Una niña arde en deseos de salir con su sombrero nuevo. El sol y el mar acompañan la estampa de ese momento. El padre y la madre la ven tan hermosa e inocente que acceden a que lo haga. Esta última la acompañará a la playa para pasar la tarde. La madre no quiere que sea mayor, que pierda su virginidad, quiere que su hija encuentre la amistad, ese clavel del que habla, porque considera que es lo propio de su edad. Pero la pequeña quiere encontrar el amor, el deseo, ese jazmín que indica el poema.

El juego del amor continúa. La madre desea que juegue y ve en ella la timidez a través de los colores y las flores, esa violeta de la que habla. Pero la pequeña, sólo ve la pasión a través de rojo fuego. Ya no es una cría, una niña pequeña y está despertando a la adolescencia, al amor. Además, todos la miran por su belleza, incluso el anciano que llora por el tiempo perdido.

Se siente una reina y está cambiando, madurando. El padre tiene miedo de perderla. De repente, nos encontramos con una estampa playera en la que la pequeña se fija en un militar que está remando, en los malos modos de una niña, señoras que pasa el tiempo sin nada que hacer y mucho que decir de los demás, pero que son más un adorno que otra cosa. A ella no le gusta ese sitio y prefiere ir donde otras niñas juegan solas. Son mayores y, aunque a la madre no le hace gracia, accede al deseo de la pequeña.

La madre pasa la tarde entre risas y playa, disfrutando. Sin embargo cuando ve volver a su niña sin sus zapatos teme lo peor: la deshonra. Pero se equivoca. El miedo de la madre se va al momento cuando sabe la razón por la que la niña vuelve descalza y a medio vestir. Ella le ha dado lo que le falta de su vestuario a una niña enferma que conoció en la playa, lugar donde va a recuperarse.

La niña en principio no entiende lo que le pasa, pero es saber del frío de sus pies que se olvida por completo de los zapatos, de su valor y del estatus que representan y se los da a la pequeña para que pueda calentar sus pies. La madre, orgullosa de su hija, se da cuenta de que la fachada no es lo importante. Desea conocer la mujer y lo que le pasa a su hija.

La madre le da todo lo que puede. Ella y su hija también le ofrecen su amistad. Todas las emociones les hacen callar cuando van camino de vuelta a casa. La pequeña, Pilar, observa unos zapatos rosas tras una ventana y siente que son los suyos, los que calzan a la pequeña y los que le protegen del frío de sus pies. Siente que ha hecho algo bueno por otra persona.


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Analizado por Susana Marín, en Poemario, publicado en octubre de 2014, visto en https://poemario.org/los-zapaticos-rosa/ .Gracias por leernos y citarnos :)