New York, Federico García Lorca



Análisis

La justicia social es uno de los temas que Lorca trata frecuentemente en su poesía, ya que es consciente de la realidad que lo rodea, no solamente en España sino también en América, donde pasa una temporada, y de las diferencias de clase tan abismales que hay entre los que más tienen y los que menos. Esta poesía es una muestra de esa visión.

Debajo de la gran ciudad hay otra, más real, más pobre, rica y más social, de sangre roja. En los guetos, los arrabales, está la realidad de los edificios de cemento, más pobres y menos bellos, pero hermosos. Los bloques sin futuro, a los que se les hizo creer lo contrario. El poeta quiere conocer la ciudad real, la de los arrabales, la de los trabajadores que construyen la ciudad y mueren sin nada.

Una gran ciudad que necesita alimentarse cada día. Millones de animales muertos para saciar el hambre de los vivos. Esta imagen de muerte destroza la imagen de los cielos limpios y azules. El poeta se da cuenta de que nadie se queda observando, porque nada se consigue con ello. El neoyorquino actúa, se defiende y lucha por lo que quiere, haciendo lo que haga falta. No se cree en la fantasía, la realidad es lo único que vale.

El sacrificio de los animales es parte esencial del progreso de la ciudad, del país, al alimentar a los hombres. El poeta denuncia la diferencia de clases tan brutal que existe en la ciudad. Así, están los patronos, los ricos, los trabajadores y los pobres. Lo único que importa es construir edificios, vender a todos el cemento. El poeta siente que los obreros parecen animalitos que trabajan, solamente trabajan.

El poeta repudia a todos aquellos que se aprovechan de los más pobres. En contraste con los ricos, están los que menos tienen, pero que viven y juegan. Para el poeta es la verdadera realidad, es lo que él considera más puro. La calle es lo cotidiano y fresco, como la fruta. Hay una brecha enorme, insalvable entre ricos y pobres.

Cada vez hay menos tierra en la que jugar. Todo lo llena el óxido del metal de los edificios. La tierra se queja y las lombrices pierden su espacio donde pueden escarbar y vivir, remover la tierra para que salgan nuevas plantas. La ciudad es demasiado racional, ordenada, casi insensible. Todo está demasiado organizado, hasta los sentimientos. El poeta reivindica la falta de justicia social que no se cuenta, que se desconoce. Se ofrece para ser ese altavoz de la sociedad olvidada, apartada.


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Analizado por Susana Marín, en Poemario, publicado en mayo de 2015, visto en https://poemario.org/new-york/ .Gracias por leernos y citarnos :)