El Reloj de Arena, Jorge Luis Borges



Análisis

Existen numerosos ensayos sobre el concepto del tiempo en la poesía borgeana. Y en cualquiera de estos análisis aparecerá una referencia a “El reloj de arena”, poema perteneciente a El hacedor (1960) uno de los libros más famosos y personales de Jorge Luís Borges.

A pesar de que algunos de los poemas de Borges contienen una compleja y erudita simbología, “El reloj de arena” es una pieza que se descifra bastante bien, empezando por su título. El reloj de arena se ha relacionado desde tiempo inmemorial con el paso del tiempo. Aunque ahora nos parezca un objeto emblemático, durante muchos siglos sirvió para medir el tiempo, ni más ni menos. Como lo hace un reloj digital en la actualidad.

Para Borges, como para nosotros, el reloj de arena es el símbolo perfecto de esta magnitud tan humana

El poema comienza haciendo una referencia a uno de los filósofos de cabecera del argentino, Heráclito de Éfeso, una de cuyas reflexiones ha trascendido hasta la cultura popular: el famoso “todo fluye, nada permanece”. Todo está sujeto a la transformación, al continuo cambio, “nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”.

Aunque para Heráclito el fuego era la representación de este devenir, Borges prefiere el agua, otro símbolo clásico de la transformación eterna.

En la tercera estrofa, Borges ya se refiere a la arena, el elemento que constituye el reloj del que nos va hablar el resto de la pieza

Ese objeto de los anticuarios que tantas sensaciones alegóricas nos despierta. Como se las despertó a tantos artistas, entre ellos a Durero, autor al que se refiere Borges en la sexta estrofa.

Y cae la arena, y el poeta describe de forma maravillosa ese descender inexorable de la arena en la octava estrofa, especialmente en el cuarto verso. La arena no se detiene, y se arremolina en la parte inferior del reloj, nerviosa, con una prisa muy humana.

Y Borges se introduce a sí mismo en la parte final del poema. Un hombre siempre fascinado por la idea del tiempo, pero también temeroso, que prefirió la eternidad del instante, del agua, como lo hicieron muchos filósofos orientales, pero siempre mirando el reloj con el rabillo del ojo, solo por saber cuánto tiempo queda…

El tiempo siempre nos alcanza

Borges cree sentir el tiempo cósmico, o el no-tiempo, que está más allá (mucho más allá) de los humanos, pero el hilo final de arena ya llega a su fin, agobiante, irresistible. El final siempre llega. Nadie se salva del tiempo, de la muerte. Ni Borges, ni nosotros. Entonces es momento de darle la vuelta al reloj de arena.


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Analizado por David Rubio, en Poemario, publicado en enero de 2016, visto en https://poemario.org/reloj-arena/ .Gracias por leernos y citarnos :)