Rima III, Gustavo Adolfo Bécquer



Análisis

Nos encontramos ante el tercer poema de la famosa antología Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836 – Madrid, 1870). Bécquer es uno de los escritores españoles más importantes aunque su talento y el valor de su obra fueron reconocidos tras su muerte. Fue poeta, periodista y narrador. Nació en una familia vinculada al mundo de las artes en general, especialmente a la pintura, de hecho a él mismo le fascinaba así como también le gustaba la música. Apreciamos en su literatura el dominio de los adjetivos sensoriales y los matices propios de un pintor. Quedó huérfano a los diez años, y fue cuidado y protegido por sus familiares. Comenzó a dedicarse a la literatura y a la lectura de las grandes obras de su siglo desde muy joven. En el año 1854 viajó a Madrid para consolidad su carrera como escritor. Allí no consiguió ni el reconocimiento ni el éxito esperado y tuvo que dedicarse al periodismo. El cambio de ciudad supuso para él un antes y un después en su recorrido vital y creativo. En el año 1861 se casó con Casta Esteban, aunque su matrimonio no duraría mucho tiempo. No obstante estos años fueron muy fructíferos en cuanto a obras literarias: Cartas literarias a una mujer, Rimas y Leyendas y Cartas desde mi celda, obra que escribió durante una estancia en un monasterio en 1864. En 1868 fue abandonado por su esposa y en 1870 murió su hermano, a quien estaba muy unido. Tres meses después él moriría también.

Rimas y Leyendas es la obra de Gustavo Adolfo Bécquer por excelencia. En ella podemos descubrir todo su universo personal y creativo siempre vinculado a las contradicciones propias del ser humano: sueño vs razón, creación vs realidad, etc. Los temas tratados fundamentalmente en las rimas de Bécquer son: la creación literaria, la poesía en general, los efectos del amor en el poeta, el desengaño amoroso y la muerte.

Este poema es un claro ejemplo de las contradicciones que el espíritu de Bécquer encontraba a diario, tanto en la vida como en su interior. Cuenta con diecinueve estrofas de cuatro versos cada una a excepción de dos de ellas que constan únicamente de un verso (versos 33 y 66). Encontramos versos heptasílabos, rima asonante y esquema libre.

El tema del poema es la reflexión sobre los dos aspectos más característicos en el espíritu del poeta, aquellos dos aspectos que sólo si consigues unirlos y hacer de ellos un solo conjunto te convierten en un genio: la inspiración y la razón. La estructura interna del poema se divide en tres partes. La primera parte es la que nos habla y expone todo lo referente a la inspiración y ocuparía desde el verso número uno hasta le verso número treinta y tres. Para Bécquer la inspiración representa el mundo dionisíaco y le atribuye todos los adjetivos y expresiones que nos muestran confusión, desorden y caos, por ejemplo: “sacudimiento extraño” (verso 1), “huracán que empuja” (verso 3), “como volcán” (verso 7), “deformes siluetas / seres imposibles” (versos 9 y 10), “impulsos de llorar” (verso 24), “locura / embriaguez divina” (versos 29 y 31), etc. Destacamos los versos diecisiete y dieciocho, los cuales conforman una bella anadiplosis que podría resumir todo lo que el poeta quiere decirnos en esta parte del texto: pensar ideas y no ser capaces de darles forma con la palabra nos lleva a un estado de confusión y hace que nuestros pensamientos sean efímeros; sólo cuando logramos dar palabras a nuestras ideas las hacemos verdaderamente nuestras. Y “palabras sin sentido”, sería el boceto en nuestra mente de lo que después será creación poética.

La segunda parte del poema la encontramos entre el verso número treinta y cuatro el número sesenta y seis. Esta parte nos ofrece el lado opuesto de la existencia humana y del mundo que conocemos: lo que no es dionisíaco es apolíneo, es decir, La Razón. La razón se define por el orden, la claridad y a belleza de las cosas. Por ejemplo: “voz que el caos ordena en el cerebro” (versos 34 y 35), “hace la luz aparecer” (versos 36 y 37), “sol que las nubes rompe” (verso 44), “armonioso ritmo” (verso 50), “giran con orden las ideas” (versos 58 y 59), etc.

La tercera parte del poema corresponde a la conclusión. El poeta cierra su discurso diciendo que ambas partes: inspiración y razón, conforman el espíritu humano y es un genio aquel que logra vencerlas a ambas y alcanzar, por tanto, el equilibrio.


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Analizado por Victoria Jorrat, en Poemario, publicado en abril de 2014, visto en https://poemario.org/rima-iii/ .Gracias por leernos y citarnos :)