La Sangre Derramada, Federico García Lorca



Análisis

Este poema de García Lorca es el tercero de los cuatro cantes de la gran obra poética titulada: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Este poema está dedicado a un amigo suyo, torero, que murió en la plaza, corneado por un toro, reflejando de manera magistral lo ocurrido en ese día.

En este cante, el poeta no quiere ver la sangre del torero que mana de la cornada. Desea que llegue la noche para no tener que ver la sangre, ya sea fresca o coagulada. La luna está en lo alto, llena y lo ilumina todo, dando a los caballos ese color pálido, como reflejo de la tragedia que está ocurriendo. Para darle mayor dramatismo al poema, aparece la imagen de las barreras, que semejan la madera de los ataúdes. La muerte acecha.

El recuerdo del torero se va con la imagen de la muerte que tiene frente a él. El jazmín es la representación del apego, de la amistad, del cariño. El poeta no quiere que se muera, quiere que siga a su lado. El toro, que ha corneado al torero, se restriega el hocico con la sangre que se está derramando. Ni siquiera los toros de guisando, esculturas, soportan la imagen y la pérdida del torero.

Éste buscaba el triunfo y encontró la muerte. El toro tenía que entrar por el lado que quería el torero, pero este lo córneo hiriéndole de muerte. Se desangró rápido y en la plaza. En el público hay una mezcla de olor a sangre, cuero, sudor y hambre de fiesta y peligro.

El poeta no quiere ver la sangre ni que se le anime a verla. Él vio como los cuernos se clavaban en la piel del torero. Incluso la madre de este lo anotó. Todo se oscureció y el aire que portaba la plaza palideció del terror ante la cornada mortal. Para el poeta, Ignacio Sánchez Mejías era el mejor torero por belleza, realeza, técnica, fuerza y valor.

Fuerte, valiente y con un cuerpo que al poeta le recordaba a los héroes del imperio romano. Además era culto y bello. Valiente en el ruedo y amable fuera de él. El último recuerdo que el poeta tiene de él sol las últimas banderillas que clavo. Ahora sólo queda su recuerdo.

Su cuerpo ya está corrupto. Su sangre se mezcló con la tierra y a su vez con el agua que bañan las marismas, que pisan las pezuñas de otros toros. El río se llenó de Ignacio Sánchez Mejías y de su sangre. Nada puede calmar el dolor de la pérdida y el recuerdo doloroso de la sangre del torero en el ruedo. Por eso, García Lorca, poeta y amigo, no quiere ver la sangre derramada.


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Analizado por Susana Marín, en Poemario, publicado en mayo de 2015, visto en https://poemario.org/sangre-derramada/ .Gracias por leernos y citarnos :)