Telúrica y Magnética, César Vallejo



Análisis

Consideraciones previas. Antes de comenzar el análisis de “Telúrica y magnética” tenemos que tener en cuenta una serie de consideraciones en torno a la edición de los poemas póstumos de Vallejo, en los que se incluye el poema. Tras la publicación de Los heraldos negros y de Trilce Vallejo publica, más o menos doce poemas en revistas europeas y americanas. Lo único que deja antes de morir es un poemario con el título España, aparta de mí ese cáliz. Pero quedan noventa poemas sin título y desordenados, que en su mayor parte (al igual que los de España…) están mecanografiados a máquina y corregidos a mano. Estos poemas llevan consigo muchos problemas de edición. La primera se realiza en el año 1939, en París, por Georgette Vallejo y Raúl Porras Berrechena, bajo el título Poemas humanos (título que también ha creado mucha controversia), con el orden que según dice Georgette deja César Vallejo. Esto es dudoso, pues los poemas sobre España que escribe Vallejo y que ordena escrupulosamente, han sido alterados en la edición hecha en París por su viuda. Otro de los problemas fundamentales es la cronología de los poemas. Algunos de ellos están fechados a máquina, pero en las diferentes ediciones posteriores de los Poemas humanos estas fechas han sido mantenidas, eliminadas o alteradas, lo que agrava la complicación. Una de las ediciones en las que las fechas desaparecen es la que más tarde preparó la misma Georgette Vallejo, separando los Poemas humanos, en Poemas en prosa y Poemas humanos. Ambos libros ven alterada la cronología según la publicación y están ordenados según el antojo del editor.

La otra edición fundamental, además de la de Georgette, y que aporta otra versión de la polémica de los manuscritos, es la poesía completa que en 1974 publica Barral Editores, en Barcelona, a cargo de Juan Larrea. Larrea cambia la disposición, guiándose por las diferentes máquinas de escribir que emplea Vallejo para establecer el orden cronológico, lo que es tan arbitrario como el determinado por Georgette, pues el poema ha podido ser mecanografiado en una fecha diferente a la que ha sido redactado. En esta edición ya no se separan los poemas escritos en París en Poemas en prosa y Poemas humanos, como se había estado haciendo hasta entonces, sino que se ordenan todos bajo el título de Poemas póstumos y se dividen en dos secciones inventadas, establecidas según las fechas que Larrea cree que son escritos los poemas. Estas secciones son: Nómina de huesos, donde incluye los poemas que van desde 1925 a 1936 y Sermón de la barbarie que contiene los poemas escritos entre 1936 y 1938.

Por otra parte existen los problemas de los manuscritos o primeras versiones de los textos mecanografiados que se conservan. Durante mucho tiempo se especula sobre la existencia de los autógrafos de los poemas póstumos de Vallejo y hay muchas conjeturas y misterios alrededor de ellos, pero nunca se llega a descubrir ninguno. Hasta el año 1984, cuando Georgette fallece y lega algunos originales al Hogar Clínica de San Juan de Dios donde es tratada de su enfermedad antes de morir. La clínica tan sólo recibe 91 textos, con lo cual la viuda de Vallejo no entrega todos, pues se sabe que existen más. La teoría más creíble es que Georgette los destruye antes de morir. En los últimos años, sin embargo, hemos podido acceder a fotografías de algunos autógrafos del poeta, gracias a la publicación del libro César Vallejo: Autógrafos olvidados, de Juan Fló y Stephen Hart. El libro cuenta el descubrimiento de Juan Fló, a partir de una investigación que está realizando, de dieciocho autógrafos (algunos de un mismo poema), entre el archivo personal de Ángel Rama, con quien Georgette ha mantenido correspondencia, entre la que puede haberle enviado algún manuscrito.

Por tanto existen dos elementos que debemos tener en cuenta en la aproximación al poema. La primera es que no sabemos en qué fecha se escribió, con la cual las correlaciones con los diferentes estadios vitales de Vallejo se vuelven muy complicadas. Por otra tenemos el autógrafo de “Telúrica y magnético” y sabemos, por tanto, las modificaciones que hizo el poeta en el texto y que a la de analizar la expresión de la forma nos resulta muy útil, principalmente para reconstruir el proceso de creación y esto facilita la comprensión del lector.

Análisis de “Telúrica y magnética”

En este poema el Vallejo nostálgico y desamparado, el que recuerda su hogar y su tierra, se nos presenta de un modo diferente a otros textos. En primer lugar no emplea el yo colectivo que caracteriza los poemas póstumos, sino uno individual que se exterioriza con la voz singular del poeta que evoca los campos del Perú. Las cartas que Vallejo escribe en esta época demuestran la añoranza de su tierra, la ansiedad del tránsito y la penuria de su estado vital en París.

Durante esta época escribe muchas cartas en la que repite continuamente la idea de regresar a Perú. La última en la que hace referencia a un viaje a su tierra natal está dirigida a su gran amigo Juna Larrea y data del 17 de febrero de 1937.

Con respecto a sus otras obras, localizamos diferencias principalmente formales. Por ejemplo, es en este conjunto de poemas póstumos donde casi por primera vez, con muy pocas excepciones, el poeta emplea la denominación “Perú” para referirse a su tierra. Anteriormente la caracterización del país se construye a partir de denotaciones que nos evocan el paisaje, pero que no se concretizan en un lugar concreto, tan sólo con algunas excepciones en Los heraldos negros donde se nombra “Lima” en un par de composiciones. Además, no hallamos anteriormente el carácter épico, tan ausente antes de su llegada y tan presente desde que se emplaza en la capital francesa, edificado a partir de un continuo de exclamaciones que no dan lugar al silencio tan presente en Trilce . A partir de una escritura dialéctica, base del lenguaje de Poemas humanos, enlaza expresiones localistas, coloquialismo y tecnicismos científicos. Desde el propio título en el que ya nos remite a la tierra (telúrica) y el nexo inquebrantable con ella, como el imán con el acero (magnética). De igual modo lo podemos observar en el primer verso: Mecánica sincera y peruanísima. La palabra proviene de un vocabulario ajeno a lo nacional peruano y es poco poético a priori, pero al unirlo con el adjetivo “sincera” y con el superlativo inventado “peruanísimo” cambia completamente el significado. De hecho, desde esta lectura “mecánica” por el momento en el que se escribe el poema, remite directamente al trabajador peruano, a quien Vallejo dedica otros poemas del libro como “los mineros salieron de la mina”. A lo largo de todo el poema se repite esta estructura, algo característico del estilo del Vallejo de París, la repetición de una estructura a largo de un poema.

La transformación que se produce en el vocabulario es uno de los aspectos más interesantes de este poema en relación con la identidad nacional del poeta. Mientras en sus composiciones anteriores aparecen muchos términos que nos remiten directamente a la tierra andina, incluso el poeta emplea giros quechua, aquí desaparecen y se sustituyen por coloquialismo típicos del Perú.

Esa adecuación de Vallejo entre intuición y escritura, como bien dice el crítico, alcanza su culmen en los Poemas humanos, donde además reflexiona en determinados poemas acerca de la búsqueda de esa expresión absoluta. En la primera estrofa exclama el poeta: ¡Papales, cebadales…! En un solo verso concreta esa identidad que tanto buscamos. O sea, emplea tres palabras (papales, cebadales, alfarales) que únicamente se emplean en Perú y, en algunos otros países hispanoamericanos, añadiéndole una expresión genuina de su tierra (cosa buena), todo ello encerrado en un par de exclamaciones que visten al verso de emoción. Así evoca una imagen muy concreta, la del el ritual de la comida que es uno de los símbolos fundamentales de la obra poética del peruano . A partir de este lenguaje crea vínculo indestructible con la tierra natal. Para reforzar la unión entre identidad del lenguaje e identidad de la tierra Vallejo traspasa los límites del idioma y emplea expresiones localista, difíciles de entender incluso para habitantes de determinadas zonas de Perú. En este sentido hay un verso que causó complicaciones en las ediciones de Poemas humanos porque ni el propio Raúl Porras Berrenechea entendió lo que quería decir el poeta. En la primera edición del libro que Berrenechea y Georgette Vallejo realizan, la palabra “temple” aparece sustituida por “templo”, un error ya que el peruano utilizó conscientemente el primer vocablo. Hoy sabemos, gracias a la edición crítica que Ferrari ha hecho de la obra poética de Vallejo, que “temple” se utiliza exclusivamente en la sierra Norte del Perú y significa “valle”.

El empleo de una palabra que sólo entienden los serranos nos conduce directamente a una de las particularidades de la identidad con Perú. Vallejo no se iguala al limeño, al peruano de la costa, Vallejo es un serrano y como tal se define y se identifica en el poema. Los campos humanos se equiparan directamente a la serranía. Por si no se hace explícito en el verso catorce, reitera la idea en el dieciocho, en el que añade la palabra “cordillera” para que no quede duda de que nos habla del norte peruano. Por otro lado, el verso quince que a priori resulta de difícil compresión, remite a la misma dicotomía sierra-costa a través del oxímoron: ausencia del mar, que liga a la idea del calor y del sol de los cordilleras peruanas. Pero, como es característico en Vallejo, en el verso siguiente se contradice (aparentemente): y sentimiento oceánico de todo! Sin embargo lo que se está haciendo es reiterar el verso anterior a partir de una hipérbole. El poeta expresa que, a pesar de la ausencia del mar en la sierra, sus habitantes experimentan la inmensidad y la profundidad del “océano” de las cordilleras andinas .

Por otra parte, el poeta de identidad en tránsito, en exilio también aparece en poema y también en vinculación con la sierra. El texto es un recuerdo y una evocación de la nostalgia de la tierra. El recorrido del poema es el del hombre peruano que se encuentra al otro lado y va rememorando la naturaleza, los campos, los animales (que son incluso patrióticos), las estrellas, la lluvia, las madrugadas…que son los elementos esenciales de la tierra y los que añoramos cuando la abandonamos. En este tránsito que es también el poema, llega un momento en el que el poeta, después de introducir al lector en su espiral de nostalgia de la serranía, casi una añoranza provinciana, para tomar conciencia repentina del presente. Ya presente, el Vallejo de París en el texto, el yo serrano individual, se hace colectivo y ya no sólo canta a la sierra de mi Perú, también al Perú del mundo, es más, se adhiere al Perú al pie de la orbe, o sea, al que desde la ciudad de París recuerda y que se hace universal.

Para terminar con este análisis aproximativo entre la identidad nacional de Vallejo y su poesía, nos vamos a referir a uno de los versos claves que reconducen todas las reflexiones anteriores y lo enlaza con la estilística y el universo simbólico de Poemas humanos: ¡Indio después del hombre y antes de él! Susceptible de muchas interpretaciones, desde nuestra perspectiva el indio representa el hombre vallejiano ideal, aquel en el que deposita la esperanza del mundo justo que busca sin cesar en sus poemas póstumos. Imagen de la pureza, no sólo de la tierra, también de la visión del pasado de Vallejo, donde él se representa como un niño. Entra de nuevo en la espiral en la que el recuerdo le aporta una interiorización del hogar y de la tierra que se ubican en un pasado que idealiza. El hombre indio y serrano es símbolo de ese tiempo-espacio ideal donde pueden consagrase las ideas de la construcción de una sociedad justa, una de las características fundamentales de la poesía del Vallejo de París. No existe una identificación entre Vallejo y el indio, lo que propone el verso es la construcción de un hombre verdadero y puro (en España, aparta de mí este cáliz se encarna en el miliciano) a partir de la imagen del indio y del circulo siempre en tránsito, como el poeta, como la identidad, como la poesía, como la existencia, como el ser.


(1) Algunos autores observan que el uso de la exclamación es irónico y Vallejo juega con el lenguaje épica para expresar algo que no lo es. Nosotros no estamos de acuerdo, pues difícilmente el poeta emplea la ironía en la expresión de la forma, en la que el uso de la exclamación es muy común en la poesía póstuma.

(2) Desde Los heraldos negros hasta España, aparta de mí este cáliz, una de las obsesiones del universo poético de Vallejo son los alimentos, desde su perspectiva positiva y negativa. En primer lugar porque el hombre desamparado que representa Vallejo en su poesía es un hombre esencialmente hambriento (física y metafísicamente), Los alimentos aportados por la madre o la tierra (que en muchos momentos representa también una figura materna) calman la sed y el hambre del hombre que accede a la verdad y el conocimiento a través de ellas. Muchas son las representaciones de los alimentos y del ritual de la comida a lo largo de su obra poética. En Trilce (donde la madre es una panadera) el poeta suele representarse sólo a la hora de la comida sin nadie que le acompañe, Esta idea ya se aprecia en el poema “La cena miserable” de Los heraldos negros, donde el poeta sentado en la mesa para cenar con la amargura de un niño que a media noche llora de hambre, se lamenta del sinsentido de haber nacido y espera reunirse en una desayuno idílico con su familia. En los poemas póstumas, donde el hombre hambriento es ya una realidad encarnada en los parias, los alimentos siguen siendo una referencia a ese hogar perdido y a la tierra, donde tiene una primacia la figura del pan.


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Analizado por Roció Calvo Fernández, en Poemario, publicado en septiembre de 2013, visto en https://poemario.org/telurica-magnetica/ .Gracias por leernos y citarnos :)